Querido Diario: 24 horas de un niño en camping Marjal Crevillente

por Antonio Felipe

Querido Diario:

¡No puedo estar más feliz! Viajé con mi familia, hace ahora dos días, hasta Marjal Costa Blanca Camping & Resort, ubicado en Crevillente, y no me han hecho falta más de 24 horas para saber que es el lugar en el que siempre había soñado estar. Aquí hay muchos niños con quienes no he parado de jugar, reír y divertirme. ¡Sé que se van a convertir en unos grandes amigos por formar parte de esta experiencia inolvidable!

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Desde nuestra llegada al camping, mi familia y yo hemos conocido a muchísima gente y los planes no han dejado de salir. Me gustaría contarte todo lo que he vivido en un solo día y, por ello, quiero ir poco a poco, porque ¡no te puedes perder ni un detalle de lo que te voy a relatar!

Hace apenas 48 horas, entramos en el camping Marjal Crevillente a bordo de esa caravana en la que tantas aventuras hemos vivido. Nos instalamos en una parcela de unos 90 metros cuadrados, en la que, por cierto, no nos falta de nada: tenemos sombra, corriente eléctrica y espacio para nuestro coche familiar. ¿Lo mejor? Uno de mis nuevos amigos reside en la parcela de al lado, por lo que podemos jugar juntos en cualquier momento.

Como llegamos cuando estaba anocheciendo, no tardé mucho en irme a descansar después del largo viaje que habíamos pasado. ¿Para qué engañarnos? También deseaba reponer todas las fuerzas para lo que me esperaba al día siguiente. Estaba tan nervioso que obligué a mis padres a poner el despertador, porque no me quería perder ni el desayuno.

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A las 8.30 sonó la alarma y a las 9.00 ya estábamos en el restaurante dispuestos a degustar un enérgico manjar que nos ayudara a empezar el día con las pilas muy cargadas. ¡Y así fue! Tan pronto como acabamos, nos retiramos a nuestra parcela para ponernos el bañador. El clima de la Costa Blanca es, sin duda, muy suave y agradable, por lo que nunca viene mal un chapuzón para refrescarse.

A las 10.30, por tanto, nos fuimos a las piscinas, ¡y qué piscinas! Hay tres. Una que es muy grande, con zonas de poca profundidad para nosotros; y dos, más pequeñas, decoradas con animales como cocodrilos. Aquí es donde hice mis primeros amigos jugando a piratas (los cocodrilos eran la excusa perfecta para ello). Mientras, papá y mamá estaban en una de las camas balinesas relajándose y desconectando de la rutina del trabajo (ellos no lo saben, pero soy consciente de que, muchas veces, se agobian).

Fresquitos y, tras una hora a remojo, nos fuimos todos juntos al miniclub. Es un lugar donde unos chicos muy divertidos, que ponían mucho empeño en que lo pasáramos en grande, nos entretuvieron con talleres y juegos de lo más emocionantes. Por ejemplo, hicimos manualidades y nos reímos mucho. Aquí fue cuando supe que había hecho grandes amigos. ¡Ah! Creo que, además, mis papis aprovecharon para pasarse por el spa del camping Marjal Crevillente.

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A las 13.30 me volví a juntar con ellos para comer en familia. ¿Sabes qué? Todos los platos que nos sirvieron en el restaurante estaban deliciosos. Creo que me estoy convirtiendo en un auténtico fan de la cocina mediterránea. Nos quedamos llenos y, con el estómago a tope, decidimos que era el momento de hacer un pequeño descanso después de una mañana muy divertida con amigos.

Eso sí, a las 17.00 volví a la carga. Había quedado con los chicos para darnos un chapuzón en la piscina, despejarnos y volver a jugar un poco con nuestros ‘colegas’ los cocodrilos. Sin embargo, el baño, esta vez, fue más corto (bueno, media hora), porque íbamos a estrenar la multipista de la zona deportiva del camping Marjal Crevillente. Optamos por disputar un amistoso partido de fútbol (hoy nos toca el baloncesto) de menos de una hora. Aunque estuvo muy reñido, ¡mi equipo consiguió la victoria!

Fuimos rápidamente a cambiarnos, pues a las 18.30 queríamos ir, de nuevo, al miniclub. Estaba nervioso. ¡Teníamos una cita con Marjalita! Ella es la mascota del resort, una patita muy simpática que nos hizo reír a carcajadas antes de comenzar con el taller, aunque se quedó para ver los resultados. Y es que esa tarde tocaba pintacaras. Leones, gatos, princesas, superhéroes… tú pedías y el equipo de animación transformaba tu cara en tus deseos. ¡Fue genial!

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A las 19.30, con nuestro mejor rostro (decorado), decidimos probar la minidisco. Allí bailamos las canciones del momento, pero también lo hicimos al ritmo de los juegos que el equipo de animación tenía preparados. Además, era tarde de personajes, y conocimos a nuestros ídolos de Disney.

El hambre ya empezaba a acaparar mi estómago, así que me volví a juntar con mis papis para cenar juntos en el restaurante. Aproveché para contarles todo lo que había hecho, lo bien que me lo había pasado y la cantidad de amigos nuevos que ahora tenía. Ellos, por su parte, me confesaron que también habían disfrutado el día mogollón: conocieron a mucha gente (de hecho, papá jugó un partido de pádel mientras mamá asistía a una clase de aquagym), se relajaron con un masaje y planearon una barbacoa para el día siguiente.

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Las primeras 24 horas en el camping Marjal Crevillente no podían haber acabado mejor. Después de cenar, mi familia y yo decidimos disfrutar del espectáculo de las 22.30. Esa noche tocaba el de El Rey León, y a mí me dejó boquiabierto (claro, es mi peli favorita). La calidad de la actuación nos hizo tomar una decisión: vamos a ir a todos los shows del resort. Hay de magia, de baile, de música en directo…

Finalmente, nos fuimos a dormir sabiendo que el próximo día también sería increíble. Ya nos lo avisaron antes de llegar: “¡siempre con una sonrisa! No podrás borrarla…”. Ahora, la filosofía de Marjal Costa Blanca Camping & Resort es, para mí, una maravillosa realidad que ha logrado superar mis altas expectativas.

¡Mañana te cuento más, Diario!

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